Mi práctica parte de la fotografía entendida como una construcción, no como un registro de la realidad. Utilizo la imagen para crear escenas en las que el cuerpo, la identidad y la memoria aparecen sometidos a procesos de transformación, resistencia y pérdida. Me interesa especialmente aquello que no puede explicarse de forma directa, pero permanece inscrito en los gestos, en la materia y en la manera en que ocupamos el espacio.
El cuerpo es uno de los ejes constantes de mi trabajo: un lugar atravesado por el deseo, el deber, las expectativas externas, la vulnerabilidad y la necesidad de afirmarse. A menudo recurro al autorretrato, no como ejercicio autobiográfico literal, sino como una forma de asumir la responsabilidad de la representación y utilizar mi propia presencia como materia de investigación. En otras obras, el cuerpo se fragmenta, se oculta, se duplica o comienza a confundirse con su entorno.
Trabajo mediante la puesta en escena, el claroscuro, el control del color, el fotomontaje y la intervención digital. Aunque la fotografía constituye el origen de mi lenguaje, cada proyecto determina sus propios medios y puede extenderse hacia el vídeo, el collage, los objetos, la instalación o los procesos generativos. Estas herramientas no buscan producir efectos aislados, sino hacer visibles transformaciones, estados psicológicos y relaciones que no podrían existir dentro de una imagen estrictamente documental.
En mis proyectos recientes, esta investigación se amplía hacia la relación entre cuerpo y naturaleza, lo orgánico y lo artificial, la conservación y la descomposición. Me interesa la imagen cuando deja de ser únicamente superficie y adquiere presencia física: cuando se convierte en objeto, muestra, reliquia o vestigio de algo que todavía está cambiando.
Trabajo con la convicción de que una imagen puede ser a la vez
delicada y feroz, bella y perturbadora, íntima y política.